Franco Boczkowski - El atractivo de la época


poesia argentina


Mediodía en Atenas

La época tiene su atractivo de libro de historia
sumado al otro atractivo de ser actual
y quedar nada más que a unos cuantos pasos
de la puerta de casa, donde concentran, a veces, cada día,
sectores de masas diversos, atentos
a sus reclamos. Este mediodía en Atenas
enfrentaban, congregados, el ajuste.
Este mediodía, el sol, en Córdoba, mostraba
toda su experiencia de miles de años,
la preparación de una huelga general
en Grecia, contra la troika que negocia condiciones
para una nueva ayuda financiera,
aunque el ministro de finanzas asegure
que el dinero alcanza para pagar hasta noviembre,
y aquí la FIAT informe que no habrá suspendidos el viernes
porque Brasil empezó a mover, nuevamente, los mercados,
el 19 de octubre marcharon en Atenas
más de medio millón. Decenas de miles
en todas las ciudades griegas
mostraban el futuro de la Unión Europea,
porque las ciudades, como las personas, cambian,
aunque el sol del mediodía sea el mismo (el mismo sol
que permitió a Aristóteles estudiar los eclipses
y la poesía) y aunque se insista con estar blindados,
Volkswagen aquí adelanta vacaciones,
Renault suspende por falta de insumos,
y nos movemos, alterados, bajo el sol inalterable
del mediodía, entre la experiencia, la mentira,
la convención y las posibilidades de que ocupemos la historia,
como en Atenas hoy se ocupaban
edificios públicos, calles y portadas
en los diarios del mundo.



Gran depresión
adeudado a Ezra Pound
“For us, there is only the trying. The rest is not our business.”
T. S. Eliot

Es necesario gastar
para evitar caer en la depresión
dijo el FMI,
la crisis recesiva es ya intolerable.
No estamos en tiempos normales,
estamos en tiempos extraordinarios.
El déficit y la desaceleración,
la única forma de salvar la economía, dijo Bush.
Hay que echar el lastre para subir,
pero cuánto del pasado es desechable.
El crédito y el consumo se derrumban;
el capitalismo, tal como me enseñaron,
es una usura despiadada, un robo sin orden ni control;
el capitalismo nos ha enseñado
a no desear a la mujer del prójimo,
sólo su trabajo,
que vale más que una mujer.

Era una decisión,
la caída del euro no te iba a afectar en lo más mínimo.
¿Habrá sido por eso que te fuiste?
Los países de Europa tienen bancos más grandes que sus estados nacionales;
es imposible cualquier salvataje.
La Unión Europea, querida,
será Europea pero no es para nada una Unión.
La ciudad se iba llenando de basura.
Pero no te importaba. Te ibas,
arreglabas los últimos asuntos.
Nuestras casas ya valen menos
que los créditos que por ellas pagamos.
Es mejor abandonarlas, irse a otra casa,
o dejar de pagar.
Es mejor irse, decidiste,
y diste origen y motivo a una gran depresión.
La realidad de las pérdidas contrasta con las ganancias ficticias.
Toda riqueza queda en el pasado.
Los periódicos hablan ahora de China y de América Latina,
pero los capitales se fugan, la moneda se devalúa,
y los “países emergentes” son sólo eso,
países en estado de emergencia.
Y mientras tanto, la ciudad se va llenando de basura,
y tres años de vida entran apretados en dos valijas.
Yo quedo afuera.
Sólo ocupo el lugar de la basura, el desecho despreciable de un pasado inventado y fabulesco.

¿Cuánto del pasado es desechable?
Los bonos tóxicos son créditos del pasado,
un banco vende el crédito, otro lo compra y lo quiere vender;
y todo queda en el pasado, querida.
Toda riqueza queda en el pasado.
Qué bella forma de inventarse uno y hacerlo llamativo.
¿O no?
¿Habré sido, alguna vez, parte del presente?,
¿o alguna esperada promesa por cumplir?,
¿algo más que un recurrente recuerdo fabricado?
Incluso cuando estaba al lado tuyo
y decías que había cosas que seguramente eran el amor
formaba todo un pintoresco recuerdo
que sería mejor tener que no tener.
Siempre es preferible olvidar que ignorar.
Sólo nos queda el intento y nada menos
de nada podemos arrepentirnos;
el resto no es asunto nuestro,
no hacemos dinero con este negocio.

No hagas caso, querida. No me prestes atención.
El despecho contamina más que la basura.
Veo, no es éste, seguramente, el olor natural de la ciudad.
Tampoco es tu hábitat ni el mío.
Fue sólo un pequeño pedazo de tiempo y de tierra que a ambos nos ha pertenecido
por sólo un pequeño pedazo de tiempo y de tierra.
La eternidad sólo se mide adentro de los museos.
No hagas caso.
Es solamente un conflicto por la basura
pero no es nuestra basura.
Basura son judíos y cristianos,
y con usura van juntos y olvidan
que son judíos y cristianos.
El capitalismo es una usura despiadada
que nos ha obligado
a no desear a la mujer del prójimo,
porque, después de todo, es propiedad privada.



Resultados electorales

Los diarios publican hoy en tapa
los resultados electorales, y ofrecen
pasar en paz el resto de la jornada.
Podríamos aceptar la oferta, si es que aún nos toleramos.
Lo haríamos, ¿no es cierto? Afrontaríamos
con gusto ese resto de día que nos dejan.
En paz, en guerra, según sea el humor
que nos domine, o el que demande la ocasión.
Lo que vale para nosotros podrá no valer para el resto.
Algo se perdió en el camino para llegar hasta aquí. Pudimos
haber prescindido de fines inútiles, o habernos dignado
inclinarnos para recogerlo del suelo si nos hacía falta.
Era necesario comprobar que el tiempo
pasaba para nosotros también, y no solamente
para cada uno. Un poema de mañana
no puede evitar los titulares, ni prescindir de las páginas
que comprueban, con crueldad, que el tiempo es algo colectivo,
y para nada indiferente. Un porcentaje así
no augura la paz sin el conflicto.
Lo que vale para el resto valdrá también para nosotros. Si asesinan
por negocio, por delirio, o por violencia
de género o de cualquiera; si amenazan con default o recesión
en países lejanos que no pensamos visitar
revolucionan nuestro tiempo y es cada vez menos
el que disfrutamos en paz entre los dos
los fines de semana o los feriados, las horas vacías
que ya dejamos de ocupar y que nos ocupan
los dueños de la única materia con que contamos
para hacer, con pedazos de estación, nuestra vida en común.


Hoy también

Como hombres de razón que somos,
nos mantiene vivos
un montón de asuntos pendientes,
según hoy mismo he comprobado cuando,
luego de ordenar, con paciencia
pero sin tranquilidad, mis papeles,
haciendo que el tiempo me pase
en lugar de dejarlo pasar,
renunciando a cualquier expectativa de abandono
o permanencia contemplativa,
y entregándome, para mi mayor seguridad,
a la razón del tiempo y al ordenado deber
de cumplir con los días,
en éste de hoy,
he dejado mi casa tranquila
(cotidiano, nuevamente, imperativo de la razón)
para salir a buscar,
casi sin razones, salvo
la de agregar algunos asuntos
nuevos a los ya pendientes,
y volver a comprobar que no hay ninguna,
salir a buscar, entonces,
la necesaria porción de bienes
y servicios previos
a la felicidad.


Manifiesto

Siendo como eres un fantasma
que recorres Europa, América,
el mundo, y me recorres;
siendo como eres, tú y no vos,
qué otra cosa puedes hacer
más que aparecerte así, esporádicamente,
ocupando los espacios de alegría
de esta rutina depreciada.
Si llevamos al extremo aquel camino
si alguna vez serviste para algo
si hasta las vías del tren se cruzan
en el infinito,
seguramente es otro el tiempo recordado.
La noche es invisible,
es el invisible nexo de momentos
de dos momentos claros, distanciados.
Decías que íbamos a llegar, y yo confiaba,
que no nos iba a envolver la oscuridad,
y yo confiaba,
que la costumbre de la derrota no nos hace fracasados
pero sí el hecho de aceptar esa costumbre.
Y yo confiaba,
tenía en los ojos la nostalgia que enamora a las mujeres;
tenía los ojos,
destruidos a cuenta de esperarte.
El otoño es recurrente, son siempre las ausencias
las que parecen ocuparlo.
Vaya día el de hoy, cuya noche invisible
sirve para entregarnos en uno, dos momentos.
La suerte nos espera.
Por ahora,
tengo con qué llenar mi mente.


Galileo

Y el único deseo fue el de un momento, un lapso
de quietud que sin embargo se mueve.
El momento en que el hombre
deja de ser el sol para ser el hombre
y organizar su trabajo.
El hombre debe organizar su trabajo,
usufructuar su trabajo,
sudar su frente,
como si el sudor fuera ganarse el pan,
como si el pan no fuera
su propia fuerza del día siguiente
para el trabajo, solamente.
Y resultamos todos tontos
por aspirar a la quietud sin movernos,
por aspirar a la paz sin siquiera hacer la guerra.
No hace falta una palanca para mover al mundo.
La ciencia y la fe deben ser campos delimitados
para que no haya interferencias entre ellas.

¿Y a quién mandó Josué detenerse?

Y acudió Israel a su Dios en su defensa.
Y su Dios maneja los cielos,
y las tormentas de granizo.
Y sus instituciones manejan la tierra.
¿A quién mandó Josué que se detenga?
Sólo lo que se mueve puede detenerse.
Ya superan las de Israel
a las muertes del granizo.
Sólo la final guerra dará inicio a la paz.



Transición

No fue tragedia la primera, ni sería
farsa la segunda vez que nos encontremos,
nosotros mismos o distintos, o este martes
negro que no es y hace años se prolonga
y no acaba ni con Grecia, ni con Francia, ni Alemania,
ni con nosotros acaba, esta vez tampoco;
ni el tiempo y el espacio nos acaban.
No hay heroísmo en abandonar el conflicto
y evitar dar la pelea. Son éstas
las condiciones y el estado
de equilibrio al que llegamos sin siquiera
habernos propuesto ese deber
de sentir, como mandato, el peso
de esta tarea de vernos obligados
a construirlo todo, incluso
lo necesario para destruir
el estado en el que nos tienen las cosas;
este ahogado estado de las cosas:
si se han ido las circunstancias, entonces,
se ha ido también el amor;
mil bancos pueden derrumbarse sobre el vientre
de mis hijos, o los tuyos, o los otros,
los frutos que evitamos por propia decisión
y que ya no vuelven con el tiempo
porque no acaban con nosotros
ni el tiempo, ni el espacio, ni estas pobres circunstancias
que, agotadas, entonces, se llevan el refugio
y no nos dejan, al parecer, otra cosa más que algunas
deudas imposibles de pagar,
la pura intemperie de esta transición
en la que nos ampara el amor,
o nos destruye el estado.



Franco Boczwowski nació en Presidencia Roque Sáenz Peña, provincia del Chaco, en 1983. Reside actualmente el Córdoba, donde trabaja como docente.

O en un verso:

Como don natural del transcurso conservo
a esta altura, una cuota normal de enemigos
más un puñado, pequeño, de amigas, y ambos
se ofrecen para entregarme, cada tanto, sus favores.


poesia argentina

Ilustración: Andrés Rimondi.



Entre dos infinitos, un poema y una crítica y una revolución… - Javier Ramacciotti

0-

Antes de saber que Franco era escritor, sabía que era militante del Partido Obrero. Como cursamos la misma carrera, en varias oportunidades me lo crucé en el edificio donde se daban las clases, ya sea repartiendo el diario del partido, ya sea en la mesita de la organización. Ya en esa época, me estaba alejando del troskismo, y por esas cuestiones de despecho amoroso- toda ruptura, sea con quien sea, es del orden del amor- trataba de evitar toda discusión con quienes aún estaban en ese espectro político-ideológico; y sin embargo, con Franco intercambié algunas veces ciertas palabras, o más bien lo escuché, porque había algo en el tono y el gesto que se alejaba de cierta cantinela que conocía y no estaba dispuesto a soportar en ese momento (las heridas, lo dije, eran frescas). ¿Qué tiene que ver todo esto con un escrito que se supone tiene algo para decir de los poemas de Franco? Que luego pasaron años, lo crucé en varias oportunidades, en lecturas y clínicas de poesía, en marchas, en asambleas, y nunca tuve la oportunidad- o nunca inventé la oportunidad- de hablar sobre aquello que nunca hablamos: mi distancia respecto al troskismo, una distancia desde la que no pude evitar leer la serie de poemas. Quiero decir: hubo algo en mi lectura de los poemas que activó una reflexión en cuyo núcleo, me parece, se cifra esa suerte de “des-atracción gravitatoria” con respecto al horizonte último del troskismo: que para mí ser irreductiblemente históricos significa que somos el conjunto de las mediaciones que nos sobredeterminan, y que ello termina conduciendo a diferir ese momento de superación dialéctica de las contradicciones- La Revolución y el socialismo-, porque eso sería eliminar las mediaciones en una inmediatez que permitiría una reconciliación más mítica que posible. En alguna página bellísima, Deleuze afirma que no le gustaría escribir algo que entristezca al autor del texto comentado; a mí tampoco me gustaría entristecer a Franco. Puedo decir- crítica impresionista mediante- que sus poemas me gustan bastante, tanto más aquellos donde el yo lírico se trenza con la época de un modo irreductible, ahí donde no prima el sentimentalismo expresivo sino que, por el contrario, uno adivina en las huellas de su cruce con la historia una vida afectiva que le pasa pero también lo sobre-pasa, exhibiendo que hasta la fibra más íntima es sólo comprensible tras el trajín del devenir en las arenas del movimiento, del tiempo y lo colectivo. También podría agregar que sus poemas reformulan una genealogía de la “poesía política”, más cercana a la escrita en la estela de los 90 (Raimondi, Rubio, Gambarotta) que a la de los 70, y que la torsión singular que realiza Franco me interesa desde que lo escuché por primera vez, y que aún estoy esperando su libro. Y podría acotar, también, que Gran Depresión y Bancarrota son mis dos poemas preferidos, y que no me canso de leerlos. Podría escribir todo eso- y de hecho lo hice- pero también quisiera dejar constancia aquí- a riesgo de entristecer a Franco, y a los lectores- esa reflexión a la que hice mención anteriormente, y que no es previa- no es solamente previa- a la lectura de los poemas, aunque tampoco esté completamente en potencia en ellos: es algo que, supongo, sucedió en el medio, entre los poemas de franco y mi lectura, entre las discusiones que no tuve con franco y mi lectura, entre las discusiones que sí tuve con el troskismo y mi lectura, en resumen, entre todas las voces que viven en mi cabeza y mi lectura. Que unos poemas habiliten, e intensifiquen, la formulación de un problema, no puede no hacer más que hablar bien de los poemas. Que se entienda entonces lo que sigue como un ampuloso gesto de alegría por la lectura y su devolución. Y también, por qué no, como la continuación de un diálogo interrumpido, y el inicio de uno nuevo. La crítica puede ser muchas cosas, no sólo- ni principalmente- el juicio de valor estético; también es una forma de la amistad a la lejanía, o en una palabra que tanto Franco como yo apreciamos: la crítica es una camaradería, el lugar donde se deviene camaradas.

1-

Los poemas de Franco son un ajustado experimento de montar una intimidad en sus momentos de entrada y salida del marasmo de la época, las posibilidades y las experiencias de ingresar al escenario de la historia (“y nos movemos, alterados, bajo el sol inalterable/del mediodía, entre la experiencia, la mentira,/la convención y las posibilidades de que ocupemos la historia”), pero realizados con los materiales mismos de la época y la historia, es decir, mostrando de hecho- en la hechura del poema- que la voz más personal se arma con lo más impersonal, y que sin embargo eso no la anula sino que, por el contrario, se conquista una inédita singularidad tanto más impresionante cuando más sociales son las hablas que retumban en su tañido. O dicho de otro modo- siempre hay por lo menos dos modos de decir una cosa-, los poemas de Franco, armándose con los elementos de la “realidad”, van más allá de la realidad, no la reduplican, aunque tampoco tracen un reino escapista que la ignore. Y ese efecto es el que me atrajo, y actualizó la vieja querella por la politicidad de la literatura, por su intersección o sus mutuos desintereses. Porque es obvio que hay algo del orden de “lo político” en los poemas de Franco, pero también es obvio que lo político no es una dimensión contenidista ni temática, que terminarían por volver superfluos los poemas una vez transmitida la información que se quería “visibilizar”. El poema no está en lugar de lo histórico-social, sino que es él mismo el lugar de su escenificación reordenada (ya que el poema, lo dijimos, se escribe con fragmentos de los discursos sociales, con el “se dice” del rumor cotidiano, con el lenguaje y la óptica de los diarios, pero articulados de un nuevo modo, es decir, ya no cristalizados sino expuestos en su más íntima naturaleza: el cambio, el conflicto, la alteración, el hecho de carecer de “íntima naturaleza”). Y entonces, de nuevo, el problema de lo político y la realidad me remitió a David Viñas, y a un detalle que no suele ser tan remarcado como debería serlo: su libro de 1970 se titula “Literatura argentina y realidad política” mientras que el de 1995 lleva el nombre de “Literatura argentina y política”; entre los 70 y los 90 no sólo pasó el tiempo sino que hubo un deslizamientos de paradigma en la comprensión de la politicidad de la literatura, deslizamiento que me parece está en los poemas de Franco, pero cuyo radicalización más allá de este ámbito (su extensión a la politicidad de lo política y la militancia, por ejemplo) conduciría a un punto que no sé si Franco estaría dispuesto a ceder. La “realidad” no es sólo una palabra-que-falta en el segundo libro de Viñas, sino que a partir de ahí podemos pensar que ella misma se ha anulado pero que, al saber que falta, mantiene sin embargo una suerte de persistencia espectral: la realidad devino la irrealidad vaporosa de la realidad( ¿qué es “la realidad de Grecia y La Troika” en los poemas de Franco sino algo fantasmal, sin la consistencia de lo que es por sí y en sí, vieja definición de substancia, cuyo uno de sus nombres fue “realidad”?). En consecuencia, y siguiendo con los títulos de Viñas, el lugar (sin lugar) del contacto entre “literatura” y “política” es la de un retiro de la realidad(es su borramiento lo que, de hecho, acerca las dos palabras), cuya estela persistente llamamos “irrealidad”. Y podríamos, para acercarnos, usar una palabra marxista para rodear esta “irrealidad” e indicarla en los poemas de franco: esta palabra es “mediación”( y acá la importancia de que los poemas estén construidos con piezas de esa máquina ejemplar de la mediación que son los mass-media, “los medios”; pero también que en aquellos que podrían remitir a un conflicto afectivo en general la interlocución esté ausente o a punto de estarlo, porque eso quiebra la inmediatez de face to face, e instaura a la letra como la mediación necesaria incluso en el seno de lo más personal). ¿Pero qué implica la mediación absoluta- mediación de mediaciones sin salida- no sólo en La Historia, sino también en la poesía, e incluso en el amor? En principio, que el rostro de lo deseado está siempre en otro lado; o mejor- porque no hay otro lado- que el rostro deseado es el otro lado acá y ahora. Doble dimensión entonces de la irrealidad o mediación de mediaciones como lugar de encuentro (im)posible: por un lado no hay un “reino detrás de las imágenes” pero hay, sí, la necesidad de hacer con las imágenes un reino más justo aquí y ahora, aunque sea un pedacito de tierra y tiempo: “Fue sólo un pequeño pedazo de tiempo y de tierra que a ambos nos ha pertenecido/por sólo un pequeño pedazo de tiempo y de tierra./La eternidad sólo se mide adentro de los museos.”. Es decir, quizá en el fondo de la búsqueda- de cada uno, de la poesía, de la política, de todas ellas juntas- no haya nada. Quizá fuera como atravesar las puertas de la ley ( del lenguaje, del capitalismo, etc) y encontrar más puertas y más guardianes, o encontrar el reverso de la única puerta, exactamente igual que la del otro lado. Pero, a su vez, no podemos dejar de pensar- y sostener cada uno, la poesía, la política, todos juntos- que hay un grano de insuprimible consistencia oculto en algún recoveco de las remitencias de las mediaciones: no podremos ya darle un nombre único y estable- “Lucha de clases”, “Poesía”, “proletariado”- pero vale la pena sostener su existencia irreal, así como sostiene el poema que “hasta las vías del tren se cruzan/ en el infinito”, y sepamos que no es así. Sucede lo mismo que sucede con los poemas de Franco: cualquier análisis estructuralista o socio-discursivo podría enumerar el conjunto de las series que lo hacen posible, desde las posibilitantes lingüísticas hasta las más amplias doxas culturales y, sin embargo, justamente aún no se explicaría estos poemas en su singularidad, el hecho mismo de que existan sin equivaler a otros: su existencia-así es un arrebato, un suplemento(ni de economía, ni de cultura, ni de deportes, o todos ellos mezclados), una irrealidad. Eso que, no estando sin mediaciones, está al margen o al costado de las mismas, como una suerte de exceso: ¿y no nos susurran la política, el amor, la poesía, nombres posibles para ese grano de exceso de realidad?
No sé si hay algo como “La Revolución”, pero sí puedo arriesgar- por todo lo dicho, comenzando por los propios poemas de Franco- que “revolución” sea tal vez el nombre de una tarea imposible- pero impostergable a la vez- de arrebatar, cada vez, un margen de suplemento a la realidad, una suerte de interrupción ínfima de las mediaciones, algo así como una imagen reluciendo un milímetro por encima del caudal de La historia y sus remolinos: como en la escritura de Franco, “revolución” tal vez sea arrebatar un poema a la realidad política y otorgarle, así, una chance de irrealidad.

¿Suena a poco? Probablemente. ¿Podemos más? Bajo este sol pienso que no, pero tal vez haya una noche en que sí, un momento que no veo y en el que lo distante será cercano, y lo enfrentado será unido: “La noche es invisible, /es el invisible nexo de momentos/de dos momentos claros, distanciados.”

Javier Ramacciotti, Córdoba, 1985.



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